Borra caché y, si continúa, borra datos para reconfigurar desde cero. Reinstala desde la tienda oficial, evitando instaladores dudosos. Sal de programas beta inestables. Desactiva limpiadores agresivos que matan procesos esenciales. Actualiza WebView y servicios del sistema; muchas apps dependen de ellos. Esta secuencia devolvió la vida a mi gestor de notas, que quedaba atrapado en un bucle sin mostrar contenido ni permitir interacción mínima.
Quita restricciones de batería para la app, permite autoinicio y selecciona “sin limitaciones” en segundo plano. Verifica que no esté en modo ahorro extremo. Desactiva optimizaciones que bloquean despertar de la pantalla. Asegura conexión estable y excluye la app de limpiadores. En mensajería, activa notificaciones de alta prioridad. Hice esto con email y recuperé avisos en tiempo real, evitando llamadas perdidas y respuestas demoradas por silencios injustificados.
Concede solo lo necesario: ubicación aproximada en vez de precisa cuando sea posible, acceso a fotos seleccionadas y micrófono solo al usar. Revisa paneles de seguridad para detectar accesos anómalos. Si una función falla, habilita temporalmente el permiso y luego vuelve a restringir. Documenta cambios para aprender. Este enfoque evita excesos, mantiene la app operativa y conserva tu tranquilidad, logrando un balance saludable entre utilidad diaria y cuidado responsable.
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